Tanto el entrenador como el atleta deben comprender
que al, comienzo del entrenamiento, el volumen de sangre del deportista aumenta
hasta un 20%. Vale decir que si el volumen habitual es de 5 litros, por efecto
del entrenamiento a lo largo de un lapso dado, el volumen aumentará
automáticamente a 6 litros.
Debido a esto la sangre tiende a diluirse, porque la producción de hemoglobina y
de hematíes no progresa a la par del aumento de volumen de la sangre. Recién al
mes de haber comenzado el entrenamiento la médula espinal (la productora de los
glóbulos rojos) recibe los estímulos nerviosos del cerebro para producir mas
glóbulos. Aproximadamente este proceso dura dos meses para completar
proporcionalmente la cantidad de glóbulos rojos y los seis litros de sangre. En
este tiempo, el atleta es muy susceptible a la fatiga, a las lesiones y a
enfermarse y a no mejorar su rendimiento. Tenga paciencia, son solo tres meses.
La dilución sanguínea básica es el único estimulo que excita la producción de
glóbulos rojos, por lo tanto, una reducción en la concentración de glóbulos
rojos debe considerarse normal en un programa de entrenamiento. Además, el
fenómeno sirve de indicador; si la cuenta de glóbulos rojos baja del 10%, querrá
decir que el programa ha sido demasiado severo. Durante el análisis de sangre
debe prestarse atención también a la cuenta de células eosinófilas; una fuerte
caída en la concentración de estas células sanguíneas blancas indicará un
programa de entrenamiento demasiado exigente.
Asimismo, una concentración muy superior a la cantidad normal será indicio de
infección. En el transcurso de las tres a cuatro semanas necesarias para
alcanzar el equilibrio del plasma de las células sanguíneas, el constante
ejercicio en carreras normales sobre distancias progresivamente mayores ("overdistance")
habrá de ser el principal medio de entrenamiento. Un entrenamiento más exigente
en un programa de intensidad progresiva podría causar problemas físicos y
emocionales al corredor.
Fundamentalmente, veo la preparación física en atletismo como un enfoque que
apunta a cuatro objetivos.
Primero, el entusiasmo es, indiscutiblemente, la base de estas actividades, su
motor. Más que cualquier otro factor, el entusiasmo compensa los errores tanto
del atleta como del entrenador. Considero preferible, y con mucho, que un
corredor entusiasta cometa errores a que una persona sumamente diestra y
entrenada ejecute los movimientos del trabajo con aire de aburrido. Denme un
entrenador entusiasta y les daré un atleta entusiasta...denme un atleta
entusiasta, y les mostraré un ganador, que no reconoce límites a sus
posibilidades.
Segundo, es innegable que el éxito en el entrenamiento en atletismo va precedido
de la elección y fijación de objetivos no demasiado complicados.
Tercero, una vez establecido las metas y hasta donde quiere llegar, fíjese metas
posibles de alcanzar y no se detenga hasta lograrlas, haga planes y establezca
prioridades para cumplir tales objetivos.
Cuarto, organización, esta es la clave del éxito de una preparación eficaz en
competencias.
Las actitudes modernas acerca del entrenamiento para resistencia surgieron en
gran parte de los esfuerzos de los finlandeses y, en especial, del gran Paavo
Nurmi y de su preparador físico Gosta Homer. Por esos años iba adquiriendo
popularidad un sistema de entrenamiento llamado "FARTLEK" con el tiempo, el
sistema se convirtió en modalidad consagrada del entrenamiento para las carreras
de fondo. El entrenamiento al estilo fartlek combina irrupciones de velocidad
sobre distancias y ritmos variados intercalados a lo largo de una carrera de
fondo.
A poco de conocerse cabalmente las técnicas finlandesas, surgió un tipo de
programa parecido (alternación de velocidades), de otro país europeo: Alemania.
Este último programa comenzó a eclipsar lentamente todos los demás métodos de
entrenamiento para resistencia.
Ahora se comprende bien que un organismo no puede progresar sino se lo somete a
un período de entrenamiento forzado. El recargo debe ocurrir en una o más de las
situaciones siguientes:
- Aumento de la velocidad máxima.
- Incremento de la carga total.
- Aumento del tiempo total en que se desarrolla la sesión de actividades.
- Aumento del número total de ejecuciones o repeticiones.
Diferentes cargas de trabajo inciden de distinta manera en el cuerpo del atleta.
Se afirma que si uno quiere aumentar su fortaleza y resistencia, debe elevar el
umbral de esfuerzo en un tercio de la actividad normal. Según el objetivo que se
persigue, las diferentes funciones y partes del organismo responden en
correspondencia con las variaciones en los porcentajes de sobrecarga.
Esto nos lleva a formular una muy importante consideración; ¿Cuánto es bastante
y cuánto es demasiado?
Idealmente, el desarrollo a través del entrenamiento tiene lugar en forma
gradual mediante pequeñas cargas. Al enfrentar y aceptar el atleta o el sistema
corporal estas cargas, no solo realiza los ajustes adecuados, sino que
sobrecompensa tales esfuerzos. La respuesta será algo mayor que la simple
anulación de la tensión existente.
Este esquema de crecimiento y desarrollo, mientras la carga se mantenga dentro
de un margen de exigencia de respuesta más bien fácil, recibe el nombre de
entrenamiento. Cuando la carga excede este margen de fácil respuesta, se
denomina sobreentrenamiento. Cabe aclarar que, denomino carga al trabajo a
realizar para el entrenamiento medidos en tiempo y distancia. El principio
funciona como un músculo individual. Cuando se aplica un esfuerzo moderado del
esfuerzo, aumenta la energía. Pero si Ud. es apresurado e intenta lograr lo
imposible, podrá sobrevenirle fatiga y lesiones físicas o emocionales.
Fundamentalmente, la carga, en cantidades moderadas, acentúa el desarrollo, sin
embargo, no solo intervienen "esfuerzos" físicos, pues se complica aún más el
proceso total en el caso de fuertes personalidades, problemas personales, etc.,
y se provocan situaciones que causan tensión antes que progreso físico.
La ansiedad es producto del estrés. En realidad, la ansiedad y el estrés se
relacionan en cierto modo, o sea que la diferencia entre estrés y ansiedad
reside en el hecho de que el estrés se puede tratar, en tanto que la ansiedad no
se puede tratar o, por el momento, se la encarpeta. La ansiedad es un
sentimiento de frustración reprimido que escapa aparentemente a nuestro control.
Si el estrés puede ser una situación aleccionadora, o un motivador, inspirará al
atleta. Empero, si el estrés desemboca en sentimiento de frustración que escapa
a nuestro control, creará ansiedad, y, con el tiempo, redundará en fatiga y
perjuicios. Solas o combinadas con otras emociones, pueden agotar las energías
nerviosas antes mismo de una largada.
El organismo humano necesita apoyarse en un sistema triangular: un lado es
físico, otro es emocional, y social el tercero. Si cualquiera de ellos flaquea,
toda la estructura se desmorona.
Afortunadamente, la mayoría de las ansiedades en los atletas se pueden
neutralizar con la actividad física, la cual elimina o minimiza dichas
características. Esto explica por qué los atletas, en su mayoría, no sufren de
úlceras o de problemas cardíacos y circulatorios con la misma frecuencia que la
población en general con parecidos problemas de ansiedad, pero que no suele
disponer de medios de relajamiento físico. Los atletas, por otra parte, pueden
responder a la ansiedad con manifestaciones de falta de progreso o evolución o
con cansancio general y/o el desprecio del programa, del entrenador o de los
compañeros de equipo. |
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